Celebrar la Libertad

El Día de la Independencia no es sólo una fiesta de barbacoas, banderas que ondean con la brisa veraniega o fuegos artificiales que iluminan el cielo nocturno (¡aunque estoy deseando que llegue todo eso!). Es un momento para hacer una pausa y pensar en lo que nos trajo aquí, y en cómo cada uno de nosotros contribuye a mantener viva esa historia. Quiero compartir contigo algunas reflexiones sobre esta fiesta.

No puedo pensar en el Día de la Independencia sin pensar en julio de 1776. Los líderes coloniales -agricultores, comerciantes, soñadores- se reunieron en Filadelfia, sudando a través de sus abrigos de lana en aquel calor pegajoso de julio. No sólo estaban firmando la Declaración de Independencia; lo estaban apostando todo a una idea: que un pueblo podía gobernarse a sí mismo. Las palabras de Thomas Jefferson aún resuenan -"Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales"- y me recuerdan lo audaz que fue aquella apuesta. No lo tenían todo calculado, pero creían en el poder de sus voces unificadas.

También recuerdo otro mes de julio que dio forma a nuestra nación. Mientras el país se desgarraba en la Guerra Civil, Abraham Lincoln se plantó en los campos empapados de sangre de Gettysburg y redefinió lo que podía significar este experimento de libertad. Su Discurso de Gettysburg -apenas 272 palabras- no se limitó a honrar a los caídos, sino que pidió a los vivos que se aseguraran de que "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la tierra". Pienso en lo frágil que debió de sentirse entonces nuestra república, y en cómo sigue dependiendo de nosotros cuidarla y preservarla. Lincoln no hablaba de un ideal lejano, sino de un deber que heredamos.

Eso me lleva a algo que tengo constantemente en mente: votar. Lo sé, no es exactamente la parte más glamurosa de ser estadounidense. Hay que hacer cola, buscar a tientas las papeletas, incluso refunfuñar sobre las opciones. Pero cuando lo relaciono con 1776 y 1863, esas preocupaciones se desvanecen en comparación con mi papel en el proceso como ciudadana. Aquellos patriotas no lo arriesgaron todo para que nosotros pudiéramos quedarnos sentados. Votar es nuestra oportunidad de tomar el testigo en esta carrera de relevos de la libertad. No es sólo un derecho, es una forma de decir: "Estoy aquí y me importa hacia dónde va todo esto".

Considero el Día de la Independencia como una llamada personal a la acción. No se trata sólo de celebrar lo que fue, sino de apropiarse de lo que es y dar forma a lo que será. Tú y yo no somos impotentes. Tenemos voz, voto y un interés en esta cosa hermosa y desordenada llamada república constitucional. Así que este Cuatro, mientras vemos estallar y desvanecerse los fuegos artificiales, espero que ambos sintamos también esa chispa de responsabilidad. Honremos a los que empezaron esto manteniéndolo en marcha, juntos.

¿Qué te parece si asamos unas hamburguesas, agitamos una bengala y hablamos de lo que queremos que represente este país? Me encantaría escuchar tu opinión. Hasta entonces, feliz Día de la Independencia. Por la libertad, la historia y por que formemos parte de ella.

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